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6 de abril de 2020





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Las creencias y cómo condicionan nuestra vida
Muchas veces ocurre que no vemos las limitantes que causan nuestras creencias. Esto se debe a que hemos visto tanto que nuestro grupo cercano repite esos comportamientos, que nos parece normal y certero que así sea.
Monica Tietz monicatietzs@gmail.com

24 Feb, 2020 | Imagina por un instante que pierdes por completo todas tus creencias, todo aquello que consideras cierto, falso, bueno, malo, divino, profano. ¿Lo has hecho?, ¿con qué te encuentras? Seguramente, lo que podrás percibir de ti es una especie de ser desorientado, un cascarón vacío, por decir algo. Y es que las creencias forman parte imprescindible de nuestra identidad como seres, de nuestra capacidad para adaptarnos al medio y sobrevivir.

Estas son adquiridas con el devenir de los años, en un principio, por medio de la crianza. Nuestros padres nos inculcan lo que consideran que es bueno o malo, justo o injusto, según les fue inculcado, o conforme a lo que ellos consideraron después luego de la reflexión. Esa serie de conocimientos que vamos adquiriendo va moldeando nuestra conducta y nuestro carácter, incluso nuestra percepción de nosotros mismos.

Muchos de estos datos que recibimos —porque las creencias son primeramente una información que llega a nosotros— nos condicionan para bien y permiten sacar nuestro potencial máximo. No obstante, otros muchos nos limitan. Sí, algunos son como códigos basura que entran a nuestro sistema y hace colapsar ciertas funciones, evitando que seamos plenamente felices, totalmente productivos y logremos llevar a cabo nuestras metas.

Muchas veces ocurre que no vemos las limitantes que causan nuestras creencias. Esto se debe a que hemos visto tanto que nuestro grupo cercano repite esos comportamientos, que nos parece normal y certero que así sea. Nada contradice lo que se nos enseñó, por ende, esa creencia es fidedigna, y si voy en su contra, he de fracasar, como de seguro fracasó algún antepasado y cuya experiencia se ha usado de generación en generación para fomentar tal conducta, tal dato, tal información.

Veamos el caso de Colón. Si él no hubiese estado convencido de la redondez de la tierra, jamás él hubiese descubierto América. Si el hombre hubieraatado al pensamiento de la tierra plana, sus temores le hubiesen impedido montar su embarcación e ir por el mar para llegar por detrás de la India y poder tener las ricas especias que necesitaba su majestad la reina. Claro, no llegó a la India, pero, igual, saben a qué me refiero.

Así como Colón, muchos inventores, artistas, arquitectos, carpinteros y demás trabajadores en los tantos oficios debieron enfrentarse a los distintos sistemas de creencias para romper paradigmas y poder innovar, cumplir sus sueños y lograr, en muchos casos, grandes avances para la humanidad.

Sí, las creencias pueden representar un aspecto limitante. ¿Debemos ponerlas todas en tela de juicio? No, no todas. Obviamente hay creencias de índole moral que permiten la sana convivencia, que nos hacen respetar al prójimo. Ahora bien, toda aquella creencia que nos evite surgir, esa sí debería ser cortada.

Enric Corbera, el gurú de la bioneuroemoción y a quien debo gran parte de mi pasión por buscar sanar emocionalmente a la gente, cita un ejemplo muy simple, pero eficaz. El habla del dicho que suelen decir muchos padres a sus hijos, de seguro lo han escuchado: “¿A caso crees que el dinero crece en los árboles?”.

Esta especie de certeza lo que enseña desde pequeños es que ganar dinero es muy difícil, que requiere mucho esfuerzo, cuando, en realidad, no necesariamente debe ser así. Yo, por mi parte, trabajando en lo que amo, he descubierto que el dinero viene a mí. No obstante, en un tiempo tuve por cierto ese refrán. Pero, al crecer, al irme descubriendo, al ir cuestionando mi sistema de creencias, lo descarté, y el cambio empezó a darse en mí, de adentro hacia afuera.

Y no solo cuestioné esa creencia, lo hice con muchas otras, entre ellas la creencia machista de que la mujer debe quedarse lavando y planchando y no formarse. Sí, cosas tan básicas como esas y muchas otras.

En fin, el centro de este mensaje es que te sientes a reflexionar todo el sistema de creencias que te rodea, respires profundo, y sopeses una a una las informaciones que condicionan tu andar. Cuáles son las que te limitan y cuáles sacan lo mejor de ti. Toma lo bueno y desecha lo malo, después hablamos de los resultados, ¿vale? Nos vemos en la próxima columna.




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