Porlamar
2 de marzo de 2021





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El que no trabaja... trabaja más que el que trabaja
Es que este virus nos tiene desesperados. Cómo es posible que nos obliguen a usar mascarilla sin estar enfermos. Igual me la pongo, no vaya a ser que alguien a mi lado estornude o que pase la policía y me multe.
Dalal El Laden /ladendalal@hotmail.com www.dalalelladen.blogspot.com

16 Ene, 2021 | Impresionante. Me quedo sin trabajo y al mes empieza la pandemia. Mi historia parece sacada de un libro de ficción. A punto de caer en depresión, resulta que un sinfín de amigos y conocidos terminaron en mi misma situación. Al vernos iguales, entre todos nos apoyamos intentando mantener la fe en un mejor mañana.
Es que este virus nos tiene desesperados. Cómo es posible que nos obliguen a usar mascarilla sin estar enfermos. Igual me la pongo, no vaya a ser que alguien a mi lado estornude o que pase la policía y me multe. Bastantes gastos tengo como para pagar por algo tan absurdo como no cumplir una norma tan sencilla.
Me llamo Charbel. Soy venezolano. Tengo tres años aquí, en Líbano, donde nacieron mis padres. Con este frío del… (mis compatriotas podrán completar la frase), me es imposible no extrañar las playas de Margarita, mi isla natal, en Venezuela, para quien no la haya visitado o escuchado nombrar (por aquí dejo unas fotos, por si acaso, además de que nunca está de más observar tanta belleza junta).
Soy un chamo normal. Aún no llego a los cuarenta. Mi vida era, como decimos, común y corriente, una más del montón, solamente que todo, desde poco antes de casarme (lo único bueno que me pasó en 2020), me cambió de golpe: de repente sin trabajo, con la esperanza de pronto retomar la rutina laboral, y luego, para rematar, también de golpe saluda, ahora a todo el mundo, este enemigo invisible. Esto sumado a la devaluación, dejando los precios por las nubes: lo que hace menos de doce meses equivalía a un dólar, hoy no te alcanza ni para un paquete de pan. Mis compatriotas me entenderán. Todo sube y sube. Y las cuentas se te asoman y no te perdonan.
Se me ocurrió escribir esto porque mi tío Karim, muy trabajador desde su niñez y, como su nombre indica, generoso como nadie, hace varios meses, al tanto de mi día a día, me dijo: sobrino, por qué no plasmas tu historia, por qué no les cuentas, a tus lectores del Instagram, cómo es que, ahora que no trabajas, trabajas más que nunca antes. ¡Exacto! ¡Increíble, pero cierto! Por eso decidí iniciar, sin embargo, me temo que muchos no me creerán.
No nos vayamos tan lejos; para que tengan una idea de cuán cierta es esta afirmación (por ello me he atrevido a titular así este relato cien por ciento real), describiré la mañana de hoy: aprovechando que el frío del… (sabrán) se había esfumado un ratico, me siento en el balcón con el fin de tomar mi capuchino caliente sin azúcar. No le termino de dar el primer sorbo cuando recibo la llamada internacional de mi primo:
Oye, Charbel, me obligaron a venir a la oficina y, como sé que tú no estás haciendo nada y necesito que alguien me eche la mano, pensé en ti: debo redactar un documento; después de tanta cuarentena, de verdad ando con la mente bloqueada, ¿será posible que lo hagas por mí? Mira, no te quitará mucho tiempo: para que sea más rápido, por correo electrónico te explico de qué trata el texto y, cuando esté listo (antes del mediodía, por fa), me lo mandas también por ahí, en Microsoft Word, si no es mucha molestia, ah, con interlineado sencillo, letra Times New Roman, de 12 puntos. ¿Qué dices? ¡Dime que cuento contigo! No me dejes solo en esto, pana…
Esto es nada comparado con lo que en este minuto (justo al enviar el trabajo en Word, Times New Roman, 12 puntos, sencillo) me acaba de pasar. No puedo continuar este relato cien por ciento real, mas lo haré al terminar, ¡eso espero!, ¡dependerá de qué tan cansado regrese a casa!

Zahle, 15 de enero de 2021.




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