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2 de marzo de 2021





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La decadencia del liderazgo
Si devolvemos la cinta de la historia reciente, vamos a encontrar que sobran nombres y actitudes a la hora de hablar de verdaderos líderes dotados de inteligencia y carisma.
Mélido Estaba Rojas. melidoestaba@gmail.com

21 Ene, 2021 | Estamos a punto de creer que el ataque de los virus en los tiempos modernos, no solo va dirigido a afectar la salud hasta acabar vidas o instalarse plácidamente a deteriorarlas, según teorías como la “inmunidad del rebaño”, sino que reflejan su poderoso efecto a diferentes niveles del desenvolvimiento social, para restarnos cualidades y hacernos menos efectivos en nuestro proceder diario. Una consideración necesaria para ejemplarizar este asunto, podemos centrarla en la decadencia del liderazgo, y la falta de apego a aquellas directrices que fueron pan de cada día en la formación ciudadana para los legítimos incitadores de cambios.
Si devolvemos la cinta de la historia reciente, vamos a encontrar que sobran nombres y actitudes a la hora de hablar de verdaderos líderes dotados de inteligencia y carisma, y sobresalientes en la conducción de masas tanto por la gracia verbal como por el porte personal, que –entre otras cualidades- hablaban de temple y decisión. Algunos recordarán por ejemplo a dirigentes comunales y estudiantiles que sembraban sus intervenciones con discursos contundentes y convincentes, que les hacía merecedores de aplausos y preferencias populares. Así por encimita, podríamos mencionar a personajes como Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Rafael Caldera, Arturo Uslar Pietri, Gustavo Machado, Argelia Laya, Héctor Mujica, Juvencio Pulgar o Aléxis Adams, que mantenían atento el auditorio o el interés en sus declaraciones periodísticas, gracias a la calidad del mensaje. Fueron líderes porque se prepararon para ello y lo demostraban hasta con el valor para resistir torturas y cárceles, sin doblegar sus convicciones. Es innegable también que el crecimiento personal se lograba con el esfuerzo y la preparación, y no venía de las designaciones a dedo limpio según los intereses o la capacidad para comportarse como focas aplaudidoras o marionetas de fácil manejo, tal y como es costumbre en estos días. Como resultado del virus social que nos ocupa y arropa, hoy nos gastamos “líderes” que carecen de la gracia elemental para comandar aunque sea un condominio de edificio, y en muchas de sus declaraciones no encuentran las palabras adecuadas como no sean aquellas dirigidas a alabar y repetir “clichés” para congraciarse con los mandamás del parido. ¿Dónde se perdieron –por ejemplo- los criterios de aquellos muchachos que fueron torturados bárbaramente, y prefirieron perecer antes que delatar a sus compañeros de lucha, cuando ahora una de las características esenciales de los “luchadores o subversivos” es cantar como canarios, en cadena nacional, explicando con pelos y señales los supuestos planes de desestabilización?
Esta escasez de liderazgo se extiende más allá de lo que uno se imagina, y hace falta escribir unas cuantas cuartillas para analizar a mediana profundidad el asunto, porque apatía y corrupción se están encargando de imponer la comodidad del antiparabolismo, para desgracia del país que sigue extraviado entre veredas de inventos irracionales, y falsos dirigentes de aquí y de allá que no atinan con los planes y prefieren llevarnos por el atolladero, mientras la esperanza juvenil huye buscando futuro y los viejos vivimos haciendo colas frustrantes, para ver si conseguimos alargar un poquito más el sufrimiento frente a la incapacidad gubernamental.




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